Hna. Virginia Rodríguez González.
Estudiante del Tercer año de la Lic. en Formación Catequética
Julio de 2026
El presente tema lo abordaré enmarcándolo en el contexto actual de su práctica en chicas de 15 años, en la ciudad de México, dentro de las posibilidades de información que pueda encontrar en diferentes redes sociales, enfocado concretamente la situación socio económica de éstas. Lo cual me interesa por mi relación con adolescentes de secundaria en la actualidad. Mi opinión o postura en relación a este asunto es que desde que el óvulo es fecundado por el espermatozoide, existe una vida humana en potencia y, por lo tanto, no sólo no hay que atacarla, sino proporcionar el ambiente físico, psicológico, emocional y espiritual de la “receptora” de esa nueva vida.
Supongo que el aborto en esas jovencitas puede acordarse con las parejas, más o menos de la misma edad con las que se relacionan. Tal vez, cuando quedan embarazadas, estas adolescentes, si los papás se enteran, estén de acuerdo en que lo mejor para ella y la familia (si la hay), es deshacerse de esa situación por comodidad. Consideremos lo que plantean tabto el catecismo como el Papa Juan Pablo II:.. El Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales del 2270 al 2275. El numeral 2270 a la letra dice: “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida."[1]. Por su parte el papa Juan Pablo II nos indica: "Con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con los Obispos, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente." (Juan Pablo II 1995 p 62). [2] Ambas citas sustentan mi opinión, en cuanto que la vida es un don de Dios y debe respetarse desde su concepción hasta la muerte natural.
Siguiendo en los supuestos, pero tal vez un poco más cerca de la realidad. Puede ser que todavía subsista una conciencia delicada en algunas jóvenes que se ven en esa situación de embarazo, que las haga afrontar con valentía y decidir tener su hijo a pesar de la adversidad que se les presente y sean apoyadas por sus padres o familiares muy cercanos. El Colegio de Bioética publicó un artículo en abril del 2007 apoyando la despenalización del aborto en la ciudad de México, en el cual argumenta: 1. En un Estado Laico como México, no se puede permitir que las creencias e ideología religiosas influyan sobre las leyes que van a regir tanto a creyentes como a no creyentes…; 2., Los conocimientos científicos sobre el genoma, la fertilización, el desarrollo del genoma humano y la fisiología del embarazo indican que el embrión de doce semanas no es un individuo biológico, ni mucho menos una persona.
Sin embargo, no sólo no debe ejercerse o practicarse en nuestra sociedad, me parece que, como miembro de la Iglesia católica, yo debería ser más cercana a la juventud actual, sobre todo en adolescentes de secundaria, brindarles, confianza y orientarlas para que no se expongan a situaciones que, por descuido o abandonode sus padres, se vean en una situación que las lleve a dicha práctica: Yo, como católica y mujer consagrada, obviamente creo que tiene un mayor peso y carga de “razón” unas leyes generadas por la Iglesia que posee un largo trayecto humanitario y reflexivo a través de su existencia. Los razonamientos y leyes que generan y aprueban individuos influenciados y movidos por motivaciones del momento y que no siempre en su ética profesional y su vida privada respaldan dichas decisiones, me parecen de poca valía o importancia. Yo no estaría en desacuerdo de la práctica del aborto, aunque lo aprueben las leyes civiles de nuestro país y concretamente de la ciudad de México, porque, aunque ellos llaman al aborto, interrupción, no es un término correcto, ya que, en toda lógica humana, cuando decimos que interrumpimos algo, es porque luego vamos a proseguir, lo cual no sucede en el caso del aborto
Retomando de forma sintética, termino, concluyendo que, aunque en la actualidad, la vida de las jóvenes y adolescentes esté asediada por tantas amenazas a su integridad personal, la Iglesia y cada uno de los que la formamos, de manera especial quienes estamos en ambientes educativos, deberíamos ser un soporte cercano y sólido para que en la mente y corazón de estas chicas prevalezcan los valores humanos y cristianos que las lleve a una realización auténtica como personas y como cristianas.

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